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Capítulo 9. Farmacología opioide aplicada al ojo

CAPÍTULO 09 Sección II Sistema opioide ocular

La farmacología opioide ocular no puede reducirse a escoger un agonista para aliviar dolor. El ojo alberga receptores MOP, DOP, KOP y NOP, pero la respuesta a un ligando depende de la estructura, la célula, el estado inflamatorio, la densidad receptorial, la vía y el tiempo de exposición. Además, el factor de crecimiento opioide y su receptor OGFr forman un sistema de regulación proliferativa distinto de los receptores opioides clásicos. Esta separación explica una aparente paradoja central: un agonista MOP puede disminuir actividad nociceptiva corneal, mientras que naltrexona —antagonista de receptores clásicos y bloqueador funcional del eje OGF–OGFr— puede acelerar reparación epitelial. Son objetivos, receptores y ventanas temporales diferentes.

El principio activo tampoco es el producto farmacológico. Una gota se diluye, se elimina por parpadeo y drenaje nasolagrimal, puede penetrar por córnea o conjuntiva y producir exposición sistémica. Una molécula hidrosoluble puede quedar limitada por el epitelio lipófilo; una muy lipófila puede retenerse en membranas y no alcanzar el compartimento deseado. Vehículo, pH, tonicidad, conservantes, tamaño de partícula, viscosidad y estabilidad química determinan cuánto fármaco llega al tejido y durante cuánto tiempo. Los niosomas, películas gelificantes e hidrogeles de naltrexona muestran que la tecnología puede mejorar liberación o estabilidad, pero esos resultados son mayoritariamente in vitro o ex vivo y no demuestran todavía beneficio clínico.

La administración sistémica añade otra dimensión. Morfina puede persistir y acumularse relativamente en retina/vítreo de ratón, donde transportadores como P-glicoproteína modulan su depósito. Opioides intravenosos alteran pupila y presión intraocular durante anestesia, pero esos efectos integran acciones centrales, autonómicas, hemodinámicas y ventilatorias; no prueban una acción local sobre el globo. La vía intravítrea evita muchas barreras, aunque convierte cualquier error de concentración, contaminación o toxicidad en un riesgo inmediato para retina.

La evidencia ocular directa sigue siendo desigual. Existen modelos preclínicos convincentes de agonismo periférico corneal, potenciación de encefalinas, modulación KOP de angiogénesis, control OGF–OGFr de reparación y neuroprotección retiniana. En humanos, la tolerabilidad tópica de naltrexona solo se ha estudiado de forma breve en voluntarios sanos; la morfina tópica cuenta con una observación histórica mínima; y no se dispone de farmacocinética ocular humana completa ni de ensayos confirmatorios de eficacia. Este capítulo describe la farmacología y sus límites. Las indicaciones, la selección clínica y la posición terapéutica se desarrollan en CH-10.

Al finalizar el capítulo, el lector podrá:

  1. Clasificar agonistas completos, agonistas parciales, ligandos mixtos y antagonistas por eficacia, selectividad y contexto farmacológico.
  2. Distinguir los receptores MOP/DOP/KOP/NOP del eje proliferativo OGF–OGFr y evitar inferencias cruzadas.
  3. Explicar el fundamento de agonistas periféricos, ligandos NOP y estrategias que preservan opioides endógenos.
  4. Integrar barreras, lipofilia, ionización, unión, metabolismo y transportadores en la exposición ocular.
  5. Comparar las vías sistémica, tópica, periocular e intraocular sin confundir dosis administrada con concentración tisular.
  6. Valorar críticamente niosomas, películas, hidrogeles y lentes de contacto como plataformas de liberación.
  7. Relacionar exposición con efectos corneales, superficiales, hidrodinámicos y retinianos.
  8. Reconocer toxicidad local y sistémica, así como las diferencias entre tolerancia, dependencia, retirada e hiperalgesia.
  9. Identificar interacciones relevantes con antagonistas, agonistas parciales, anestésicos, sedantes, gabapentinoides, antidepresivos y moduladores enzimáticos.

La afinidad describe la tendencia de un ligando a unirse a un receptor; no indica cuánto efecto producirá. La potencia depende de afinidad, acceso al receptor, eficacia y reserva receptorial. La eficacia intrínseca expresa la capacidad del complejo ligando–receptor para generar respuesta. Un agonista parcial puede producir menos efecto máximo que un agonista completo en el mismo sistema, pero comportarse casi como completo si existe gran reserva receptorial. Frente a un agonista de mayor eficacia puede actuar como antagonista funcional al ocupar receptores y reducir la respuesta global.

La selectividad es relativa, dependiente de concentración y del ensayo. DAMGO es una herramienta MOP más selectiva que morfina; nalfurafina tiene preferencia KOP; naloxona y naltrexona antagonizan receptores clásicos con perfiles que cambian con dosis. Naltrexona no es selectiva para OGFr en sentido farmacológico convencional: el eje OGF–OGFr se estudia mediante bloqueo de su interacción, pero OGFr no es MOP, DOP, KOP ni NOP. La etiqueta «opioide» refleja historia molecular y ligandos compartidos, no identidad de receptor.

La concentración en la formulación no es la concentración libre en película lagrimal, córnea, humor acuoso, vítreo o retina. La dosis añade volumen y frecuencia; la exposición integra concentración y tiempo en cada compartimento. La ocupación receptorial depende además de fracción libre, afinidad, competencia y densidad. Una reducción de conducta dolorosa no demuestra que el fármaco haya alcanzado retina; una concentración retiniana no demuestra activación de MOP; y un cambio de PIO no identifica por sí solo el lugar de acción.

Se denomina acción periférica a la producida fuera de encéfalo y médula, pero un colirio puede absorberse sistémicamente y un fármaco sistémico puede alcanzar córnea, ganglio trigeminal o retina. Los efectos bilaterales tras instilación unilateral sugieren absorción o reflejos, aunque no los cuantifican. Tolerabilidad es la ausencia de signos o síntomas inaceptables en el protocolo estudiado; seguridad exige caracterizar daños relevantes, población, exposición y horizonte temporal. La primera no debe usarse como sinónimo de la segunda.

CH-09.01 Agonistas, agonistas parciales, ligandos mixtos y antagonistas

Sección titulada «CH-09.01 Agonistas, agonistas parciales, ligandos mixtos y antagonistas»

La clasificación útil comienza por el receptor y termina en el tejido. MOP, DOP y KOP son GPCR acoplados principalmente a Gi/o; NOP pertenece a la misma familia estructural, pero su ligando endógeno y muchos de sus antagonistas son distintos. La nomenclatura IUPHAR evita que «mu», «delta» o «kappa» se confundan con fenotipos históricos y recuerda que isoformas, oligomerización, alosterismo y sesgo de señal pueden cambiar la respuesta 1, 2. En el ojo, donde la evidencia suele proceder de modelos pequeños y concentraciones locales, estas reservas son especialmente importantes.

La morfina es el prototipo de agonista MOP de alta eficacia funcional en numerosos sistemas, pero no es absolutamente selectiva. En córnea inflamada de rata, la morfina tópica redujo hiperalgesia provocada e inflamación; antagonistas MOP y DOP bloquearon componentes del efecto 5. Esto puede reflejar activación directa de más de un subtipo, interacción entre vías o pérdida de selectividad a la concentración empleada. El experimento no autoriza a etiquetar cualquier efecto ocular de morfina como MOP puro.

DAMGO ilustra el valor de un agonista peptídico más selectivo. En ratón con lesión corneal, su aplicación tópica redujo conducta alodínica y sensibilización registrada en el nervio ciliar, con apoyo farmacológico para una acción MOP periférica 6. La molécula es una herramienta experimental, no una formulación clínica. Su actividad depende de estabilidad peptídica, acceso a terminales nerviosas y estado de la barrera. La misma concentración sobre una córnea intacta puede ser ineficaz, mientras que una lesión expone receptores, altera uniones epiteliales y cambia el microambiente.

Los agonistas DOP y KOP plantean objetivos diferentes. DOP se ha estudiado sobre todo en neuroprotección retiniana y modulación inflamatoria; KOP, en hidrodinámica y angiogénesis. Nalfurafina tópica redujo vasos sanguíneos y linfáticos e infiltración en córnea murina suturada 9. El desenlace no fue dolor, y la presencia de Oprk1 en córnea completa no identifica la célula diana. Clasificar nalfurafina como agonista KOP es correcto; convertirla por ello en analgésico corneal es una inferencia no demostrada.

Un agonista parcial merece una lectura dinámica. Buprenorfina es agonista parcial MOP y antagonista KOP según su ficha oficial 36. Su alta afinidad y disociación lenta pueden permitir actividad MOP sostenida, pero también desplazar a agonistas completos y precipitar retirada en una persona físicamente dependiente. En facoemulsificación produjo menos miosis que fentanilo en un pequeño ensayo, a costa de recuperación más larga 29. Esa diferencia no establece una ventaja universal: pupila, sedación, analgesia y respiración tienen relaciones exposición–efecto distintas.

Los ligandos mixtos combinan agonismo y antagonismo entre receptores o muestran eficacia parcial contextual. Bremazocina se describió históricamente como agonista KOP y redujo PIO, formación de humor acuoso y diámetro pupilar en conejo. Sin embargo, la respuesta fue bilateral y cambió drásticamente tras simpatectomía 24. La farmacología observada integró preferencia receptorial, exposición sistémica y tono autonómico. En consecuencia, «agonista KOP» define una propiedad, no una predicción completa.

Naloxona y naltrexona son antagonistas clásicos. Naloxona tiene inicio rápido y se utiliza sistémicamente para revertir toxicidad; naltrexona posee exposición más prolongada por vía oral. Ambas pueden ser herramientas para demostrar participación receptorial si la dosis, la penetración y la selectividad se controlan. Pero bloquear una respuesta con naloxona no identifica por sí solo MOP frente a DOP o KOP. Tampoco la ausencia de bloqueo demuestra un mecanismo no opioide si la concentración fue insuficiente o el antagonista no llegó al compartimento.

Naltrexona ocupa un lugar singular en superficie ocular. Al antagonizar el efecto de OGF sobre OGFr puede liberar un freno tónico de proliferación. En rata y córnea humana en órgano-cultivo aceleró reepitelización 10, 11. Esta acción no debe describirse como «antagonismo de los receptores analgésicos»: OGFr no es un GPCR opioide clásico. A la inversa, la capacidad de naltrexona para bloquear MOP/DOP/KOP sigue siendo relevante si existe absorción suficiente. La dosis, el tiempo y el compartimento determinan cuál de estos efectos predomina.

La eficacia de los ligandos también puede estar sesgada hacia distintas rutas de señalización. En teoría, un agonista que favorezca proteínas G sobre β-arrestina podría separar efectos deseados y adversos, pero la simplificación ha resultado menos robusta de lo esperado y depende del sistema. En tejido ocular apenas existen estudios que comparen sesgo en células nativas. Por ello, no es adecuado llamar «seguro» a un ligando sesgado sin medir reparación, sensibilidad protectora, inflamación, PIO, función retiniana y efectos sistémicos.

CH-09.02 Ligandos de nociceptina y agonistas periféricos

Sección titulada «CH-09.02 Ligandos de nociceptina y agonistas periféricos»

NOP reconoce nociceptina/orfanina FQ. Aunque comparte acoplamiento Gi/o con los receptores clásicos, naloxona no bloquea de forma fiable sus efectos y la dirección de la modulación nociceptiva depende de dosis, vía y circuito 3. En retina de conejo, nociceptina redujo de manera dependiente de concentración la liberación de acetilcolina evocada por luz; el efecto no fue bloqueado por naloxona y se apoyó en sitios de unión NOP 4. Es una demostración funcional ocular, pero no un estudio de analgesia, neuroprotección ni toxicidad.

Los ligandos NOP modernos incluyen agonistas, antagonistas y compuestos bifuncionales que también activan MOP. Ninguno dispone de un programa clínico ocular convincente. Antes de trasladarlos habría que resolver si se busca modular neurotransmisión retiniana, aferencia corneal o circuitos centrales trigeminales; un efecto beneficioso en un nivel podría alterar visión no formadora de imagen o respuesta pupilar en otro. La retina no debe tratarse como un compartimento pasivo cuando el receptor participa en neurotransmisión inducida por luz.

La estrategia periférica persigue analgesia en terminales lesionadas con menor penetración cerebral. Puede lograrse por restricción fisicoquímica, administración local o activación preferente en microambientes inflamatorios. En córnea, la accesibilidad tópica es atractiva: un agonista puede alcanzar nervios superficiales sin necesidad de producir concentraciones centrales altas. Los estudios con morfina y DAMGO muestran, sin embargo, que la lesión es parte de la farmacología. La córnea sana no respondió igual que la inflamada y la barrera dañada cambia absorción 5, 6.

«Periférico» no significa automáticamente «sin efectos sistémicos». La conjuntiva y la mucosa nasal son vías de absorción; el volumen de una gota supera la capacidad del saco lagrimal y una fracción se drena. Moléculas muy potentes pueden generar efectos con cantidades pequeñas. Además, la acción contralateral puede aparecer por circulación o por reflejos. Un desarrollo racional necesita medir plasma, ojo contralateral y compartimentos oculares, no deducir localización solo porque la administración fue tópica.

Otra vía periférica es preservar los ligandos endógenos. PL265 inhibe dos encefalinasas y, a 10 mM por vía tópica en modelos murinos, redujo hipersensibilidad mecánica y química, inflamación corneal y marcadores ganglionares. Naloxona metioduro anuló la antinocicepción, apoyando receptores periféricos 7. Frente a un agonista exógeno continuo, la inhibición de degradación podría conservar cierta dependencia de la liberación endógena. Pero aumenta varios péptidos y dificulta asignar el efecto a un único subtipo; además, el compuesto y la concentración son experimentales.

Los agonistas periféricamente restringidos sistémicos —por ejemplo, moléculas expulsadas por P-glicoproteína— ofrecen un concepto, no una evidencia ocular. La inflamación puede alterar barreras, transportadores y reserva receptorial; un compuesto periférico en condiciones basales puede ganar acceso central o retiniano en enfermedad. Para el ojo, la restricción debe demostrarse en córnea, humor acuoso, plasma, ganglio trigeminal, retina y cerebro, idealmente con relación exposición–efecto.

Existe también una tensión entre antinocicepción y protección. Reducir descarga aferente puede aliviar dolor, pero una córnea anestesiada pierde señal de erosión, infección o sequedad extrema. La ventaja teórica del agonismo opioide periférico sobre anestésicos locales sería modular terminales sensibilizadas sin abolir conducción normal. Los modelos apoyan esa posibilidad, pero todavía no establecen el margen clínico entre aliviar alodinia y comprometer sensibilidad protectora.

CH-09.03 Farmacocinética y penetración ocular

Sección titulada «CH-09.03 Farmacocinética y penetración ocular»

La farmacocinética ocular comienza antes de que el fármaco atraviese un epitelio. Tras instilación, parpadeo y flujo lagrimal reducen la concentración; proteínas y mucinas pueden unir la molécula; el drenaje nasolagrimal la lleva a mucosa vascularizada. La fracción que permanece encuentra una córnea con epitelio lipófilo y uniones estrechas, estroma hidrófilo y endotelio relativamente permeable. Esta arquitectura favorece moléculas con equilibrio de lipofilia e hidrosolubilidad y penaliza extremos.

La ionización depende del pH de formulación y del pKa. Solo la fracción no ionizada suele atravesar mejor membranas, pero la fracción ionizada favorece solubilidad acuosa. Ajustar pH para aumentar permeación puede causar escozor y lagrimeo, acelerando eliminación. Los opioides no forman una clase fisicoquímica homogénea: morfina, fentanilo, buprenorfina, tramadol, naltrexona y péptidos difieren en lipofilia, unión, metabolismo y potencia. No es válido extrapolar la penetración de uno a otro.

Una córnea lesionada modifica todas estas variables. La pérdida epitelial aumenta acceso al estroma y a nervios, reduce la barrera y puede cambiar pH, proteínas y enzimas. Esto ayuda a explicar por qué morfina tópica mostró señal analgésica en abrasión pero no en córnea intacta 8. También eleva el riesgo: un vehículo tolerable sobre epitelio sano puede penetrar en exceso o irritar estroma y endotelio cuando existe defecto.

La vía conjuntival/escleral puede evitar parte del epitelio corneal y alcanzar tejidos anteriores o posteriores por difusión, aunque la vascularización conjuntival aumenta aclaramiento sistémico. Para retina, la administración tópica ordinaria se enfrenta a distancias, coroides y barreras hematorretinianas. Una concentración detectable en córnea no implica exposición posterior. Los estudios de formulación que miden permeación transcorneal ex vivo informan el segmento anterior, no retina.

La exposición sistémica alcanza el ojo por circulación. La barrera hematorretiniana interna, formada por endotelio con uniones estrechas, y la externa, por RPE, restringen xenobióticos. En ratón, morfina administrada intraperitonealmente persistió en retina/vítreo cuando su concentración sérica descendía y aumentó relativamente tras dosis repetidas; la concentración retiniana superó la del hipotálamo en los tiempos estudiados 21. El modelo utilizó 20 mg/kg y no reproduce dosis humanas, metabolismo ni separación limpia de retina y vítreo. Demuestra una cinética ocular propia, no acumulación tóxica clínica.

P-glicoproteína y BCRP se expresaron en la barrera hematorretiniana interna murina. P-glicoproteína, pero no BCRP, se correlacionó con la concentración retiniana de morfina; la exposición crónica del protocolo no aumentó fuga de barrera y no se observaron diferencias por sexo en depósito agudo 22. La correlación no prueba que P-glicoproteína sea el único determinante. Flujo sanguíneo, unión, metabolismo, otros transportadores y compartimentos celulares contribuyen.

La retina humana metaboliza y transporta de modo distinto. En humanos, morfina genera morfina-3-glucurónido y morfina-6-glucurónido; el ratón produce poco del metabolito analgésico M6G. Por ello no puede calcularse una dosis ocular humana a partir de concentraciones murinas. Tampoco la detección post mortem en vítreo representa farmacocinética terapéutica: las víctimas de sobredosis, la redistribución y el intervalo post mortem son contextos diferentes.

Naltrexona oral tiene absorción alta pero biodisponibilidad estimada del 5-40% por primer paso, con 6-β-naltrexol activo y semividas sistémicas distintas 34. Esos datos no predicen una gota ocular. La instilación evita el primer paso inicial de la fracción absorbida por mucosa, pero la dosis total puede ser pequeña y la retención breve. Para el eje OGF–OGFr importa la exposición local en epitelio; para bloquear analgesia sistémica, la exposición plasmática. Ambas deben medirse por separado.

Los péptidos como DAMGO y nociceptina enfrentan degradación en lágrima y superficie, permeabilidad limitada y posible inmunogenicidad o inestabilidad. Un inhibidor de encefalinasas cambia la vida media de ligandos endógenos en su microdominio, de modo que la «dosis efectiva» depende de cuánto péptido se libera. Esta farmacocinética indirecta no puede compararse miligramo a miligramo con un agonista.

CH-09.04 Administración sistémica, tópica, periocular e intraocular

Sección titulada «CH-09.04 Administración sistémica, tópica, periocular e intraocular»

La vía sistémica es la más conocida y la menos selectiva para el ojo. Puede ser necesaria para dolor intenso por causas orbitarias, cirugía o enfermedad sistémica, pero expone encéfalo, respiración, tubo digestivo y sistema de recompensa. Desde la perspectiva ocular, también produce miosis, cambios autonómicos y llegada a retina. En diez voluntarios, morfina y codeína intravenosas redujeron el diámetro pupilar alrededor de un 26%; tramadol mostró un inicio más tardío, coherente con su metabolismo 28. La pupila funcionó como biomarcador de efecto central, no como prueba de concentración ocular.

Durante anestesia, fentanilo, remifentanilo o buprenorfina interactúan con propofol, ventilación, presión arterial, profundidad anestésica y estímulo quirúrgico. En 32 pacientes, remifentanilo y fentanilo redujeron PIO durante mantenimiento y volvieron a basal en recuperación 30. En facoemulsificación, fentanilo produjo más miosis que buprenorfina 29. Estos hallazgos son relevantes para la interfaz anestesia–oftalmología, pero no justifican utilizar opioides como hipotensores ni atribuir el efecto a receptores del cuerpo ciliar.

La vía tópica ofrece alta concentración inicial en superficie con dosis corporal baja. Es idónea para estudiar córnea, conjuntiva y nervios superficiales. Sus límites son variabilidad de gota, lavado, drenaje, adherencia, contaminación y exposición bilateral/sistémica. La oclusión nasolagrimal y el cierre palpebral reducen drenaje para muchos colirios, pero su efecto específico sobre preparados opioides experimentales no está cuantificado.

La morfina tópica 0,5% se administró cada cuatro horas durante seis días en conejo abrasionado sin retrasar cierre frente a suero, mientras proparacaína sí lo retrasó; en siete pacientes con abrasión apareció una señal analgésica rápida 8. Es un estudio pionero, no una pauta. No define esterilidad, osmolaridad, conservante, estabilidad, exposición sistémica ni riesgo de uso ambulatorio. La extrapolación de formulaciones parenterales a colirios es especialmente peligrosa porque pH, excipientes y endotoxinas no se diseñaron para córnea.

La naltrexona tópica se ha estudiado en modelos animales y en voluntarios sanos. Una o cuatro gotas hasta 50 μM durante 24 horas fueron bien toleradas en un ensayo fase I pequeño, con seguimiento de una semana 13. Esto respalda tolerabilidad aguda de esa preparación, no seguridad prolongada ni eficacia. El vehículo contenía una solución comercial de moxifloxacino, lo que impide asumir equivalencia con una formulación simple.

La vía periocular —subconjuntival, sub-Tenon o retro/peribulbar— prolonga proximidad a esclera y órbita, pero introduce trauma, hemorragia, perforación, infección, lesión muscular o vascular y absorción sistémica. No se identificó un cuerpo sólido de estudios que establezca farmacocinética, eficacia o seguridad de agonistas opioides perioculares para dolor ocular. La ausencia de datos es una conclusión relevante: la plausibilidad anatómica no debe convertirse en recomendación.

La vía intraocular evita barreras externas y produce exposición alta con volúmenes pequeños. En conejo con isquemia retiniana, 0,1 mL de morfina 10 μmol/L intravítrea administrada a los cinco minutos o una hora de reperfusión redujo lesión histológica; a 18 horas no fue eficaz y naloxona anuló gran parte del efecto 23. Los controles sin isquemia no mostraron toxicidad histológica en el horizonte estudiado. El margen entre prueba mecanística y tratamiento humano sigue siendo enorme: seis ojos por grupo, una lesión aguda, un desenlace al día siete y ninguna validación de función visual o dosis repetida.

Toda preparación intraocular requiere esterilidad, ausencia de pirógenos, partículas controladas, pH/osmolaridad compatibles, estabilidad y concentración verificada. Un error decimal convierte micromolar en milimolar; un conservante aceptable en piel puede ser retinotóxico. La intravítrea tampoco es «local» en sentido absoluto: existe eliminación anterior y posterior, posible exposición contralateral mínima y efectos sobre múltiples células retinianas. Por estas razones, la vía solo puede discutirse en CH-09 como plataforma experimental; cualquier indicación futura debe superar desarrollo farmacéutico y toxicológico específico.

CH-09.05 Vehículos y sistemas de liberación

Sección titulada «CH-09.05 Vehículos y sistemas de liberación»

La formulación debe diseñarse desde el compartimento diana. Para un nervio corneal superficial puede bastar retención breve y penetración epitelial limitada; para modificar reparación se necesita exposición en el epitelio durante una ventana concreta; para retina, una gota convencional rara vez ofrece una ruta predecible. Aumentar permeación sin definir el objetivo puede elevar toxicidad o absorción sistémica.

La solución acuosa es el punto de partida por simplicidad, esterilización y dosificación. Sus inconvenientes son residencia de minutos, variabilidad del volumen, necesidad de dosis repetidas y degradación. Naltrexona es hidrosoluble como sal, pero su autoxidación y fotooxidación dificultan una solución estable. La concentración declarada al fabricar puede no ser la disponible al instilar si no se controlan oxígeno, luz, pH, temperatura, envase y tiempo.

Los niosomas son vesículas de surfactantes no iónicos capaces de encapsular fármacos y modificar liberación. En formulaciones de naltrexona basadas en Span 60, aditivos cargados o surfactantes cambiaron eficiencia de encapsulación, tamaño y forma. Los sistemas controlaron la liberación y aumentaron permeación a través de córnea bovina excisada; HET-CAM sugirió irritación mínima 16. «Discoma» describió vesículas grandes y ovaladas que podrían drenar más lentamente, pero esa hipótesis requiere demostrar retención y visión tolerable in vivo.

La composición importa tanto como el vehículo nominal. Colato sódico aislado produjo irritación moderada en HET-CAM y córnea bovina, atenuada cuando se incorporó a niosomas 17. La vesícula puede secuestrar un excipiente irritante, pero su degradación en lágrima o contacto con epitelio lesionado podría liberarlo. Evaluar solo el principio activo omite parte del riesgo.

Los mismos niosomas mejoraron humectación, difusión superficial y viscosidad, y protegieron naltrexona frente a fotooxidación 18. Mayor viscosidad suele prolongar residencia, aunque puede causar visión borrosa, sensación de cuerpo extraño y adherencia irregular. Una formulación que se extiende bien en una superficie artificial puede comportarse de otro modo sobre mucinas alteradas, blefaritis, ojo seco acuodeficiente o defecto epitelial.

Las películas gelificantes intentan convertir una unidad sólida en gel dentro del fondo de saco. En un desarrollo con naltrexona, polímeros de alginato y carboximetilcelulosa ofrecieron propiedades mecánicas, mucoadhesión, liberación y tolerabilidad experimental; la estabilidad química aumentó más de 18 veces respecto de solución 19. La ventaja potencial es dosificación monodosis y menor manipulación repetida. Los desafíos son inserción, desplazamiento, esterilización, percepción del dispositivo, visión, retirada y uniformidad de liberación.

Los hidrogeles impresos molecularmente pueden cargar naltrexona y funcionar como lentes liberadoras. Materiales de HEMA mantuvieron transparencia superior al 85%, permeabilidad al oxígeno y liberación sostenida en una cámara microfluídica; en córnea bovina alcanzaron cantidades corneales comparables a una solución más concentrada 20. Esta eficiencia no convierte el material en lente terapéutica. Falta estudiar depósitos, fricción palpebral, hipoxia, microbiología, esterilización, uso nocturno y alteración de la liberación por proteínas lagrimales.

Una plataforma sostenida cambia la farmacología. Disminuye picos y frecuencia, pero prolonga cualquier efecto indeseado; una lente que libera antagonista OGF–OGFr de modo continuo puede no reproducir el bloqueo intermitente que favorece proliferación. La ocupación prolongada de receptores clásicos también podría modificar sensibilidad, adaptación o interacción con opioides sistémicos. «Liberación sostenida» solo es una ventaja si la relación concentración–efecto lo requiere.

Los conservantes son un riesgo transversal. La ausencia de toxicidad del principio activo no valida cloruro de benzalconio, tampón, tensioactivo o penetrador. Las superficies con enfermedad neuropática pueden presentar epitelio aparentemente íntegro pero nervios alterados; la toxicidad subclínica puede empeorar dolor sin producir una úlcera inmediata. Toda formulación crónica debería medir tinción, barrera, densidad/morfología nerviosa, sensibilidad protectora, inflamación, lágrima y síntomas.

La fabricación magistral añade incertidumbre de identidad, esterilidad, concentración, partículas y estabilidad. En un campo sin producto oftálmico autorizado de referencia, no basta disolver una formulación sistémica. El desarrollo debe especificar sal, pureza, endotoxinas, envase, condiciones de conservación, fecha de caducidad y método analítico indicador de estabilidad. Estos requisitos son parte del fármaco, no burocracia separada.

CH-09.06 Efectos corneales, superficiales, hidrodinámicos y retinianos

Sección titulada «CH-09.06 Efectos corneales, superficiales, hidrodinámicos y retinianos»

La relación concentración–efecto cambia con el desenlace. En córnea, el objetivo analgésico se sitúa en terminales nociceptivas; el efecto proliferativo, en células epiteliales; la inflamación, en epitelio, estroma y leucocitos. Una concentración que reduce parpadeo puede no ser la que preserva cierre o lágrima. Por ello, los estudios deben construir varias curvas y no asumir que «más efecto» es siempre mejor.

Morfina y DAMGO muestran farmacodinámica dependiente de lesión. En córnea inflamada, disminuyeron hipersensibilidad, y DAMGO redujo descarga aferente 5, 6. La falta de efecto equivalente en córnea sana puede reflejar menor expresión o acceso, ausencia de inflamación o un umbral conductual distinto. Farmacológicamente ofrece una ventana de selectividad por estado; clínicamente aún no se sabe si esa ventana existe en infección, cirugía, ojo seco neuropático o queratopatía neurotrófica.

PL265 produce una respuesta más amplia: al preservar encefalinas redujo sensibilidad mecánica/química, infiltración y marcadores de lesión/neuroinflamación trigeminal 7. La relación exposición–efecto depende de peptidasas, liberación de péptido y tono receptorial. En inflamación intensa puede haber más sustrato y más beneficio; en degeneración neural avanzada, menos liberación y menor respuesta. Esta hipótesis debe probarse, no asumirse.

Naltrexona actúa en superficie principalmente mediante OGF–OGFr en los modelos disponibles. El bloqueo aceleró cierre en rata, córnea humana ex vivo y animales diabéticos 10, 11, 14. También restauró transitoriamente lágrima y sensibilidad en rata diabética 15. La mejoría rápida de sensibilidad puede preceder a regeneración anatómica; podría depender de película lagrimal, excitabilidad o función epitelial. No debe presentarse como prueba de recrecimiento nervioso.

La farmacodinámica hidrodinámica integra formación y salida. Bremazocina tópica redujo PIO y flujo acuoso en conejo, con miosis y efecto bilateral. Nor-BNI antagonizó mejor PIO/flujo que pupila, y la simpatectomía convirtió una dosis alta en hipertensiva 24. Esto indica interacción KOP–simpático y quizá diferentes dianas para iris e hidrodinámica. Una respuesta unilateral habría sido más fácil de atribuir a acción local; la bilateral obliga a considerar circulación y reflejos.

El óxido nítrico es un mediador plausible, no un desenlace terapéutico. Morfina aumentó productos de NO en cuerpo iris-ciliar aislado de conejo de modo sensible a naloxona y L-NAME 25. En vías de entrada y salida, NO puede modificar músculo, epitelio y malla; el resultado neto sobre PIO depende del compartimento y la dosis. La misma señal en retina lesionada puede asociarse a estrés nitrosativo. Hablar de «efecto beneficioso del NO» sin especificar tejido y contexto carece de sentido farmacológico.

La retina contiene circuitos en los que MOP y NOP modulan neurotransmisión. Nociceptina inhibió liberación colinérgica evocada por luz 4. La exposición sistémica a morfina alcanza retina y puede persistir 21, 22. Por tanto, sedación o cambios circadianos no son las únicas consecuencias posibles; puede existir modulación retiniana directa. La evidencia clínica de alteración visual sigue siendo insuficiente y no debe inferirse daño de la mera presencia de fármaco.

En lesión retiniana, la activación DOP con SNC-121 preservó PERG y células ganglionares y redujo vías inflamatorias en hipertensión ocular de rata 26. Un atlas posterior identificó Oprm1 en subtipos ganglionares resistentes y mostró que la sobreexpresión o manipulación MOP modificaba supervivencia en varios modelos 27. La coherencia multimodelo fortalece la diana, pero sobreexpresión, administración sistémica y ventanas tempranas no describen un fármaco clínico.

La morfina intravítrea protegió histología retiniana solo cuando se administró pronto tras reperfusión 23. Esta ventana estrecha muestra que farmacodinámica y patobiología deben coincidir. Un tratamiento eficaz antes o minutos después de lesión puede ser irrelevante en glaucoma crónico o isquemia diagnosticada tarde. La selección del desenlace también importa: conservar espesor o recuento no garantiza agudeza, campo, contraste, adaptación luminosa o ritmo circadiano normales.

La exposición sistémica puede modificar pupila y PIO sin que retina o cuerpo ciliar sean la diana primaria 28, 30. Hipoventilación eleva CO₂ y puede cambiar flujo ocular; hipotensión reduce perfusión; sedación altera tono autonómico; anestésicos concomitantes modifican PIO. La farmacodinámica ocular clínica requiere registrar estos mediadores y no ajustar una narrativa receptorial a cualquier variación ocular.

La toxicidad ocular debe evaluarse por capas. En superficie interesan dolor de instilación, hiperemia, tinción, barrera, apoptosis, espesor, endotelio, cierre, infección, lágrima, sensibilidad y nervios. En segmento anterior, inflamación, pupila, PIO, cristalino y ángulo. En retina, estructura, electrorretinografía, células ganglionares, perfusión, OCT, visión y ritmos. Un examen con lámpara de hendidura normal no excluye alteración neural.

En ratas normales, diabéticas y diabéticas tratadas con insulina, naltrexona 10⁻³ a 10⁻⁷ M cuatro veces al día durante siete días no cambió PIO, espesor, células endoteliales ni apoptosis/necrosis epitelial 12. El rango de 10.000 veces es tranquilizador para toxicidad manifiesta aguda, pero no informa meses de uso, microbioma, infección o formulaciones distintas. La recuperación de sensibilidad en animales diabéticos puede ser beneficiosa, aunque también exige medir si aparece hipersensibilidad.

En voluntarios sanos, hasta cuatro gotas de naltrexona 50 μM en 24 horas no produjeron diferencias significativas en una batería ocular y no se notificaron acontecimientos graves 13. El estudio tenía veinte sujetos y una semana de seguimiento. Es la evidencia humana directa más clara de tolerabilidad, y precisamente por ello debe describirse sin inflarla: no establece dosis máxima tolerada crónica, seguridad en úlcera, embarazo, infancia, enfermedad hepática o dependencia de opioides.

Los modelos HET-CAM y BCOP son útiles para cribar irritación de vehículos. Los niosomas de naltrexona mostraron perfiles favorables y permitieron detectar colato sódico irritante 16, 17. No reproducen nervios, inmunidad, lágrima o absorción sistémica. Superar esos ensayos habilita estudios posteriores; no certifica uso humano.

La morfina tópica 0,5% no retrasó cierre en conejo abrasionado durante seis días 8. No demuestra neutralidad universal: la proparacaína fue el comparador tóxico, la muestra fue pequeña y faltan medidas modernas de nervios, barrera y microbiología. El principal riesgo funcional de un analgésico tópico sería que el paciente siguiera exponiendo una córnea lesionada, retrasara consulta o no percibiera infección.

La toxicidad intraocular exige un estándar más alto. Los controles de morfina y naloxona intravítreas sin isquemia no mostraron daño histológico en el estudio de conejo 23. Histología al día siete no excluye disfunción electrofisiológica, alteración sináptica, inflamación sutil ni toxicidad tardía. La concentración segura depende de especie, volumen vítreo, pH, osmolaridad y excipientes; no existe una conversión directa al ojo humano.

La exposición sistémica a agonistas MOP implica depresión respiratoria, sedación, náusea, estreñimiento, hipotensión, abuso y dependencia. La ficha de morfina advierte que benzodiacepinas, anestésicos, alcohol y otros depresores pueden producir sedación profunda, depresión respiratoria, coma y muerte 33. Para el oftalmólogo, el riesgo aparece cuando se prescribe por dolor ocular, se combina con sedación perioperatoria o no se reconoce una terapia crónica existente.

La miosis puede dificultar cirugía y oscurecer la evaluación neurológica. La respuesta depende del fármaco y el tiempo: morfina/codeína y tramadol mostraron perfiles pupilares distintos 28, y fentanilo produjo más miosis que buprenorfina en el ensayo perioperatorio 29. Una pupila puntiforme puede apoyar intoxicación, pero no es específica ni cuantifica concentración; enfermedades pontinas, colinérgicos y luz son alternativas.

Los antagonistas tienen riesgos propios. Naltrexona sistémica bloquea analgesia, puede precipitar retirada grave y aumenta el riesgo de sobredosis tras perderse el bloqueo y la tolerancia previa 34. Se desconoce si una formulación ocular experimental alcanzaría exposición suficiente para interferir clínicamente con opioides sistémicos. La incertidumbre obliga a excluir o monitorizar pacientes dependientes en estudios iniciales y medir concentración plasmática.

La seguridad debe incluir error de medicación. Nombres semejantes, sales distintas, concentraciones expresadas en %, mg/mL, molaridad o microgramos por gota favorecen errores. Una solución de morfina parenteral puede contener componentes no adecuados para ojo; una tableta triturada no es estéril ni una formulación. La ausencia de producto oftálmico comercial validado incrementa, no reduce, la necesidad de controles farmacéuticos.

CH-09.08 Tolerancia, dependencia, retirada e hiperalgesia

Sección titulada «CH-09.08 Tolerancia, dependencia, retirada e hiperalgesia»

La tolerancia es una disminución del efecto con exposición repetida que exige más dosis para una respuesta comparable. Puede ser farmacodinámica —desensibilización, internalización o cambios de señal— o farmacocinética. No todos los efectos desarrollan tolerancia al mismo ritmo. Analgesia, miosis, sedación, estreñimiento y depresión respiratoria pueden seguir curvas distintas.

La dependencia física es una adaptación en la que la reducción o antagonismo produce retirada. No equivale a trastorno por consumo. La adicción incluye pérdida de control y uso compulsivo pese a daño. Confundirlas puede estigmatizar a un paciente legítimamente tratado o, en sentido contrario, pasar por alto una conducta de riesgo. La ficha de morfina exige retirada gradual en personas dependientes y la de buprenorfina reconoce dependencia con síndrome potencialmente más tardío 33, 36.

La retirada precipitada aparece cuando un antagonista o agonista parcial de alta afinidad desplaza bruscamente a un agonista. Naltrexona oral puede precipitar un cuadro grave; el etiquetado recomienda estar libre de opioides al menos 7-10 días tras fármacos de acción corta y advierte vulnerabilidad hasta dos semanas tras metadona o buprenorfina 34. Buprenorfina también puede precipitar retirada si se administra antes de desaparecer el agonista completo 36. Estos intervalos sistémicos no se trasladan automáticamente a dosis oculares, pero definen el daño que debe excluirse en desarrollo.

La hiperalgesia inducida por opioides es un aumento paradójico de sensibilidad nociceptiva asociado a exposición, distinto de tolerancia, progresión de enfermedad y retirada entre dosis. Las advertencias regulatorias de clase reconocen el fenómeno y desaconsejan responder con escalada automática 37. No existe una prueba ocular validada. Un dolor más difuso o peor tras escalada puede sugerirla, pero también puede reflejar neuropatía corneal, cefalea, sensibilización central, abuso de medicación, trastorno del sueño o lesión no diagnosticada.

La retina murina demuestra adaptación farmacocinética: morfina se acumuló relativamente tras dosis repetidas 21. Además, la deleción de MOP en células ganglionares intrínsecamente fotosensibles modificó sensibilización locomotora y termorregulación durante exposición crónica 32. Estos hallazgos muestran participación retiniana en la respuesta sistémica, no tolerancia analgésica ocular ni daño visual humano.

La sensibilización latente corneal es otra entidad. Tras lesión alcalina en ratón, antagonistas opioides desenmascararon hipersensibilidad cuando la conducta había disminuido 31. El sistema endógeno estaba conteniendo una sensibilización persistente. No es hiperalgesia causada por morfina ni retirada de un agonista exógeno. Si se mezclan ambos conceptos, un antagonista utilizado como herramienta puede interpretarse erróneamente como causa de neuropatía.

La farmacología de OGF–OGFr añade otra posible confusión. Naltrexona puede mejorar reparación al bloquear un freno proliferativo 10. Esto no significa que un agonista MOP previo haya causado la herida ni que todo bloqueo opioide sea beneficioso. Tampoco demuestra que la administración crónica de naltrexona sea inocua para los circuitos analgésicos endógenos.

En clínica, la evaluación de adaptación debe reconstruir fármaco, formulación, vía, dosis, frecuencia, duración, escaladas, dosis omitidas, intervalos de fin de efecto, función renal/hepática y medicación concomitante. Debe registrar dolor espontáneo y evocado, distribución, síntomas de retirada, pupila, sueño y función. Una retirada no debe iniciarse bruscamente desde oftalmología; requiere coordinación con el prescriptor y el equipo de dolor o adicciones.

Las interacciones se dividen en farmacodinámicas, farmacocinéticas y de formulación. Las primeras suman o antagonizan efectos; las segundas alteran absorción, metabolismo, transporte o eliminación; las terceras cambian estabilidad, pH o disponibilidad antes de que el fármaco alcance el receptor. El ojo añade interacciones funcionales: pupila, PIO, sensibilidad y película lagrimal pueden modificarse por varias drogas sin interacción molecular directa.

La combinación de agonistas opioides con benzodiacepinas, hipnóticos, anestésicos generales, alcohol, antipsicóticos, relajantes y otros depresores del SNC aumenta sedación y depresión respiratoria 33. Los gabapentinoides también pueden potenciar somnolencia y depresión respiratoria, especialmente en pacientes mayores o con enfermedad pulmonar 37. La relevancia oftalmológica es alta en cirugía ambulatoria y en dolor neuropático corneal, donde gabapentinoide, antidepresivo y opioide pueden coexistir.

Los agonistas parciales o mixtos pueden reducir analgesia de agonistas completos o precipitar retirada. Buprenorfina merece atención por alta afinidad MOP; naltrexona bloquea los efectos de analgésicos, antitusivos y antidiarreicos opioides 34, 36. Un paciente en naltrexona que necesita cirugía ocular urgente puede requerir analgesia no opioide, regional y anestesia planificada; intentar vencer el bloqueo con dosis altas expone a depresión respiratoria profunda cuando disminuye la antagonización.

Tramadol combina agonismo MOP mediado en parte por su metabolito M1 con inhibición monoaminérgica. CYP2D6 forma M1 y CYP3A4 participa en metabolismo. Inhibidores como fluoxetina, paroxetina o quinidina pueden aumentar tramadol y reducir M1; inhibidores de CYP3A4 modifican aclaramiento. La ficha advierte convulsiones y síndrome serotoninérgico con ISRS, IRSN, tricíclicos, IMAO, triptanes y otros serotoninérgicos 35. Esto es particularmente relevante en pacientes con migraña y dolor ocular que utilizan triptanes o antidepresivos.

La naloxona en sobredosis de tramadol puede aumentar riesgo convulsivo según el etiquetado 35. El objetivo vital sigue siendo ventilación y reversión de depresión opioide cuando corresponde, pero el equipo debe anticipar convulsiones. Este ejemplo muestra por qué «opioide» no es una clase uniforme: el componente monoaminérgico cambia la interacción.

Los transportadores ofrecen interacciones potenciales menos definidas. P-glicoproteína se relacionó con depósito retiniano de morfina en ratón 22. Inhibidores sistémicos podrían alterar exposición, pero no existe evidencia suficiente para ajustar dosis por una interacción retiniana. La expresión varía por especie, enfermedad y barrera; una correlación preclínica no autoriza una recomendación clínica.

Las interacciones con anestésicos locales son funcionales. Un anestésico tópico puede abolir sensibilidad y lesionar epitelio si se repite; un agonista opioide pretende modular sensibilización sin bloquear conducción normal. Combinarlos podría mejorar analgesia o sumar pérdida de protección. No hay estudios clínicos que definan el balance. Lo mismo ocurre con AINE tópicos, corticosteroides y antimicrobianos: pueden modificar inflamación, cierre y dolor, alterando la lectura de un efecto opioide.

En formulación, mezclar soluciones puede precipitar el fármaco, cambiar pH, oxidar naltrexona o alterar conservantes. Los niosomas protegen frente a fotooxidación 18, pero la compatibilidad con otros colirios no está establecida. Separar instilaciones puede reducir lavado, aunque el intervalo óptimo para formulaciones experimentales se desconoce. Nunca debe suponerse compatibilidad por transparencia visual.

La enfermedad también interactúa con el fármaco. Diabetes, defecto epitelial, inflamación, insuficiencia hepática/renal, edad y exposición crónica modifican barreras, metabolismo y respuesta. Naltrexona oral aumenta exposición en cirrosis y sus metabolitos se eliminan por riñón 34. Aunque una gota tenga dosis corporal baja, los primeros ensayos deben medir plasma y no excluir a priori una interacción sistémica en superficies extensamente lesionadas.

El corpus farmacológico ocular se organiza en cuatro niveles. El primero es humano directo: tolerabilidad breve de naltrexona tópica, siete pacientes con abrasión en un estudio histórico de morfina y pequeños ensayos sistémicos de pupila o PIO. El segundo es tejido humano o formulación ex vivo: córnea de donante para OGF–OGFr y córnea bovina para permeación. El tercero, dominante, son modelos animales de córnea, diabetes, hidrodinámica, isquemia, glaucoma y exposición repetida. El cuarto incluye cultivos y ensayos alternativos de irritación.

La evidencia más consistente de relación receptor–efecto se encuentra en córnea lesionada de roedores: antagonistas revierten la antinocicepción de morfina/DAMGO o PL265. OGF–OGFr cuenta con convergencia entre rata, conejo y córnea humana ex vivo para proliferación. La formulación de naltrexona dispone de un programa tecnológicamente coherente, pero casi todo termina antes de la fase clínica. En retina hay señales robustas de mecanismo y neuroprotección, sin producto ni indicación humana.

DominioEvidencia más informativaNivel dominanteQué puede afirmarseQué no puede afirmarse
Agonismo cornealmorfina/DAMGO/PL265 con antagonismoanimal lesionadoexiste competencia periférica opioide en modeloseficacia o dosis humana
OGF–OGFrnaltrexona en rata, conejo y córnea humana ex vivopreclínico/ex vivoel eje regula proliferación/cierreanalgesia o seguridad crónica
Formulaciónniosomas, películas e hidrogelesin vitro/ex vivopuede mejorarse estabilidad, retención o permeaciónbeneficio clínico del dispositivo
PK retinianaLC-MS/MS y transportadores de barreraratónla retina no es cinéticamente inerteacumulación/toxicidad humana equivalente
Segmento anteriorbremazocina, NO y estudios anestésicosanimal/pequeños ensayosopioides pueden modificar PIO/pupila en contextouso como hipotensor ocular
Retinaisquemia, hipertensión, Oprm1roedorexisten dianas neuroprotectoras experimentalestratamiento retiniano humano
Seguridadnaltrexona corta en animales y voluntariosagudo/cortotolerabilidad inicial favorableinocuidad crónica o en córnea enferma

La aplicación actual es principalmente interpretativa. Ante un paciente que recibe opioides, el oftalmólogo debe reconocer miosis, sedación, alteraciones perioperatorias y posible exposición retiniana sin atribuir automáticamente cada hallazgo a toxicidad ocular. Debe documentar fármaco, vía, duración, coanalgésicos y antagonistas. En cirugía, la comunicación con anestesia es esencial cuando el tamaño pupilar, la PIO o el bloqueo por naltrexona condicionan el plan.

Los preparados tópicos opioides o de naltrexona siguen siendo experimentales. Si se consideran en investigación o uso excepcional regulado, deben existir formulación estéril validada, concentración y estabilidad verificadas, consentimiento, monitorización de superficie y sensibilidad, evaluación sistémica y plan de rescate. El capítulo no ofrece una receta magistral ni recomienda reutilizar presentaciones parenterales.

La ausencia de respuesta a un agonista tópico no demuestra que el dolor no sea neuropático; puede reflejar barrera, dosis, receptor, estado tisular o mecanismo central. La respuesta tampoco confirma diagnóstico. De igual modo, una mejoría de cierre con naltrexona no prueba que el dolor dependa del sistema opioide clásico. La farmacología puede generar hipótesis, no sustituye la evaluación clínica.

  1. Tratar «opioide» como una sola diana y olvidar NOP u OGF–OGFr.
  2. Llamar selectivo a un ligando sin indicar concentración, sistema y comparadores.
  3. Confundir concentración de la gota con exposición tisular u ocupación receptorial.
  4. Considerar tópica una vía exclusivamente local e ignorar drenaje nasolagrimal y ojo contralateral.
  5. Interpretar HET-CAM, BCOP o histología corta como seguridad clínica crónica.
  6. Extrapolar una formulación de naltrexona a otra porque comparten principio activo.
  7. Convertir neuroprotección profiláctica de roedor en indicación humana.
  8. Atribuir cambios perioperatorios de PIO al receptor ocular sin controlar ventilación, hemodinámica y anestésicos.
  9. Diagnosticar hiperalgesia inducida por opioides desde dolor persistente o escalada aislados.
  10. Suspender bruscamente un agonista o administrar un antagonista sin evaluar dependencia.
  11. Ignorar tramadol, triptanes, antidepresivos, gabapentinoides, benzodiacepinas y alcohol en la conciliación.
  12. Preparar un colirio desde una presentación sistémica sin validación de esterilidad, pH, excipientes y estabilidad.

La primera controversia es si la inflamación crea una ventana terapéutica periférica suficientemente selectiva. Los modelos sugieren que agonistas MOP actúan mejor en córnea lesionada, pero la inflamación también aumenta permeación y variabilidad. Un mismo fenómeno puede elevar eficacia y toxicidad.

La segunda es la dualidad de naltrexona. El bloqueo OGF–OGFr favorece proliferación, mientras el antagonismo de receptores clásicos puede interferir con analgesia endógena o exógena. No se conoce la exposición que separa ambos efectos en humano ni si una administración sostenida es preferible a pulsos.

La tercera concierne a la retina. La acumulación murina de morfina puede ser farmacológicamente relevante, pero no está claro si protege, altera fotoentrenamiento, produce tolerancia o carece de consecuencia clínica a dosis habituales. La detección tisular no decide la dirección del efecto.

La cuarta es tecnológica. Las plataformas de naltrexona resuelven problemas reales de estabilidad y residencia, pero una solución tecnológica no corrige una pregunta clínica mal definida. Falta establecer qué concentración, duración y patrón de bloqueo OGF–OGFr se necesita y qué desenlaces importan al paciente.

La quinta es regulatoria y ética. El dolor ocular refractario puede impulsar uso compasivo antes de existir producto validado. La urgencia clínica no elimina el riesgo de contaminación, error de dosis, pérdida de sensibilidad protectora o interacción sistémica. El desarrollo debe ser proporcional a la vulnerabilidad del tejido.

  • Tabla CH09-T01. Mapa ligando–receptor–eficacia–tejido–nivel de evidencia.
  • Tabla CH09-T02. Comparación de vías sistémica, tópica, periocular e intraocular con barreras y riesgos.
  • Tabla CH09-T03. Sistemas de liberación de naltrexona y estado de traslación.
  • Figura CH09-F01. Recorrido de una gota: lágrima, córnea, conjuntiva, drenaje, plasma y ojo contralateral.
  • Figura CH09-F02. Separación conceptual entre MOP/DOP/KOP/NOP y OGF–OGFr.
  • Algoritmo CH09-A01. Evaluación farmacológica segura antes de una intervención opioide ocular experimental.

Estos productos deberán ser originales, declarar especie/nivel de evidencia y no representar una plataforma experimental como producto disponible.

  • Receptor, ligando, formulación, vía y tejido forman una unidad; el nombre del fármaco aislado no predice el efecto.
  • Agonismo MOP corneal y bloqueo OGF–OGFr con naltrexona persiguen objetivos distintos y pueden producir efectos aparentemente opuestos.
  • NOP es farmacológicamente distinto de los receptores clásicos y modula neurotransmisión retiniana, pero carece de traslación ocular clínica.
  • La vía tópica puede reducir exposición corporal, no garantiza acción exclusivamente local.
  • La retina murina acumula morfina sistémica y expresa transportadores de barrera relevantes; no puede considerarse farmacocinéticamente inerte.
  • Niosomas, películas e hidrogeles mejoran propiedades farmacéuticas de naltrexona, pero su evidencia es principalmente in vitro/ex vivo.
  • La tolerabilidad humana tópica de naltrexona se limita a una exposición de 24 horas y seguimiento de una semana.
  • Los efectos sistémicos sobre pupila y PIO integran acción central, autonómica, ventilatoria y hemodinámica.
  • Tolerancia, dependencia, retirada, adicción e hiperalgesia son fenómenos distintos.
  • Antagonistas y agonistas parciales pueden bloquear analgesia o precipitar retirada; tramadol añade interacciones serotoninérgicas y metabólicas.
  • No existe todavía una formulación opioide oftálmica con eficacia clínica confirmatoria que permita generalizar indicaciones.

La farmacología opioide ocular es un campo coherente en mecanismos, pero inmaduro en traslación. Los modelos demuestran que receptores clásicos modulan aferencia corneal, inflamación, hidrodinámica y supervivencia retiniana; que NOP participa en neurotransmisión; y que OGF–OGFr regula crecimiento epitelial. También muestran que el estado del tejido y la vía cambian la respuesta de forma decisiva.

El avance más cercano a un programa de producto se encuentra en naltrexona para superficie ocular: existe señal biológica, tolerabilidad humana aguda y varias plataformas de liberación. Aun así, faltan farmacocinética humana, dosis repetida, comparador, eficacia, seguridad en enfermedad y replicación independiente. Para agonistas analgésicos periféricos, la evidencia humana es todavía menor.

La práctica responsable consiste en reconocer efectos e interacciones sistémicas, evitar formulaciones improvisadas y mantener la frontera entre mecanismo e indicación. CH-10 analizará qué intervenciones podrían justificarse clínicamente, en quién y con qué controles; CH-09 establece las condiciones farmacológicas que cualquier propuesta deberá satisfacer.

Faltan estudios de microdiálisis o muestreo que definan concentración-tiempo en lágrima, epitelio, estroma, humor acuoso, plasma, retina y vítreo humanos. Debe medirse fracción libre, metabolitos y ocupación receptorial, no solo concentración total. Los modelos necesitan incluir córnea intacta, inflamada, infectada, diabética y neurotrófica.

Se requieren comparaciones directas de soluciones, niosomas, películas e hidrogeles con el mismo fármaco y dosis, incluyendo estabilidad, retención, permeación, exposición sistémica y desenlaces clínicos. La seguridad crónica debe integrar nervios, sensibilidad protectora, microbiología, lágrima y adherencia.

En retina, es necesario separar efecto de MOP, DOP, KOP y NOP en tejido humano, organoides y modelos crónicos, con función visual y circadiana. En pacientes que reciben opioides sistémicos, cohortes longitudinales podrían estudiar OCT, ERG, pupila, sueño y síntomas antes, durante y después de exposición.

No existe una definición operativa de hiperalgesia opioide ocular ni biomarcador para distinguirla de neuropatía corneal o sensibilización central. Tampoco se conoce si dosis oculares de antagonistas pueden bloquear analgesia sistémica o precipitar retirada. Estas preguntas deben resolverse antes de una expansión clínica.

  • Búsqueda farmacológica ampliada y verificación dirigida: 2026-08-18.
  • Fuentes: PubMed/MEDLINE, PubMed Central, páginas editoriales primarias, IUPHAR/BPS y fichas oficiales DailyMed.
  • Estado: borrador completo de agente; pendiente de auditoría bibliográfica independiente, revisión clínica humana, actualización de búsqueda y evaluación formal de riesgo de sesgo antes de stable.

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